Atrapenme…si pueden

“El Alterego de un hombre –o mujer– no es más que la imagen favorita que tiene de sí mismo”. Así empieza el libro de Atrapenme … si pueden! realmente que bueno que sacaron la pelicula y el plus es que la dirigio Spilberg, así ya no tuve que leer el libro (porque realmente preferiria leer otro libro). La pelicula en si es buena: un tipo muy inteligente que quiere tener dinero y haría lo que fuera por conseguirlo, incluso robar. En mi caso yo tengo dos alteregos, al menos dos que he notado: Bob, The Irish, quien hace mucho que no viene porque creo que ya le aburieron las clases de ingles y los compañeros que se preocupan mas por apuntar lo que esta en el pizarrón que divertirse mientras aprenden. Bob, The Irish me ayudaba en mis ejercicios de ingles, era un hombree viejo que tenía mucho dinero y compraba cosas caras (Yeah, yeah, I went to London last week, and I met the Queen there.. ohh yes; y cosas estupidas así que me divertian y de paso divertian al maestro).

El otro alterego se llama Salvador , no he podido describirlo porque él es muy callado, a veces habla poco, a veces no habla nada, es retraido, aunque él no lo imagina le gusta observar, es un buen tipo, aunque para serles sincero es muy introvertido y timido. No se como lo soporto.

Yo? Yo soy Coca.

8 Comments Atrapenme…si pueden

  1. Etreus

    Esta es la “verdadera” historia, de esas historias que no se deberían contar, empieza con una idea y terminará en un final no planeado que irá naciendo no de la mente, ni de la máquina, solo al presionar las teclas del teclado de algún perdido lugar de donde nacen todas las historias que no deberían ser contadas…

    Pasé por el puente peatonal que me obligaba a llegar siempre al mismo lugar, no hubo ningún anuncio previo, ninguna sensación diferente, ni siquiera un pájaro que alterara la rutina, solo subí, caminé y comencé a bajar las escaleras, son actividades ya tan aprendidas que bien podría pensar en el trayecto, pero preferí concentrarme en no tropezar y conservar ese paso lento y pausado que él creía mío. Estaba a tres escalones de llegar al final y caminar hacia su auto cuando me extrañó no estar invadida del torbellino de sensaciones que siempre me llegaban al verlo, sería un día tan común que nisiquiera ellas llegarían. Me vió bajar el último escalón, salió del coche y abrió la puerta del copiloto sin siquiera dirigir una mueca o mirada a mi rostro, me coloqué frente a él, acaricié su mejilla y subí al auto, él cerró la puerta y tardó casi dos segundos más de lo acostumbrado en entrar, ni una palabra, comenzaba a sentirme mareada por salir de casa sin comer cuando emitió los primeros sonidos: “Reservé en Casa Bell” y sentí el miedo invadiéndome en forma de escalofrío, “podemos ir a cualquier lugar”, “reservé en Casa Bell” y continuamos en silencio hasta llegar al restaurant donde bajó como siempre para abrir la puerta, me extendió la mano y cerró la puerta, realizamos exactamente el mismo ritual con las mismas atenciones que por años habíamos adoptado, nada era diferente, sabía que estaba con él como siempre lo había estado y seguía buscando la razón del único sentmimiento que tenía en ese momento (miedo), en apariencia, en los ojos, en las caricias en todo era lo mismo de siempre…
    Nos sentamos, comimos y no hablamos, como aveces dejábamos de hablar para no cansarnos de escuchar nuestras voces, salimos del lugar y de nuevo dijo: “de camino a Cuernavaca”, “no tengo mucho tiempo, hay trabajo más tarde”, “de camino a Cuernavaca”, estábamos frente una de esas imágenes imponentes, cielo de un azul intenso y deslumbrante, nubes blancas y aire fresco, pero solo podía concentrarme en el miedo, en las manos sudorosas y los constantes espasmos…
    “Te amo”, “y yo a ti”, “no como hermana”, “ah… Creo que entiendo”, “crees?”, “Entiendo”, “¿nada más entiendes?”, “nada más”, “bájate”, “¿estarás bien?”, “no, ahora bájate”, “¿te puedo besar?”, “sabes que eso no es necesario conmigo, te veo el fin de semana, saldré de viaje”, “esta vez no iré, ¿cierto?”, “cierto”, “no te puedo dejar”, “ya lo hiciste”, “llámame cuando te sientas mejor, por favor”, “quizá nunca te vuelva a llamar”, “¿estás llorando?”, “sí”, “solo llámame ¿sí?”, “sí, no podría dejar de hacerlo”, “adiós”, “nunca antes te habías despedido”, “nunca antes había sido necesario”, “vete con cuidado, sé que llegarás bien”, “¿puedo decir lo mismo de ti?”, “No quiero jugar”, “Te amo… te amo chaparro”, “bye”, “bye”
    Se fue, me llamó al siguiente día, le dolía el estómago pero no fui a verlo, ese viernes murió…
    “¿Cómo te sientes?”, “como un estúpido”, “lo eres”, “lo sé, por suerte así me quieres…”, “por suerte así te amo”, “con suerte algún día se podrá”, “te amo”, “no gastes tus palabras lo sé, eso y lo del miedo”, “podemos…”, “te veo luego, ahora déjame dormir que estoy cansado…”

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  2. Ate

    el alterego de Etreus padece de sus facultades mentales..
    aunque me pregunto si yo no padeceré de lo mismo por no tener un alterego? de todos modos coca me cae mejor que bob.

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