Acerca de las experiencias y el laberinto de la información.

Vivimos inmersos en un mundo lleno de distractores. Lo que la información consume, es mas que obvio: consume la atención de los recipientes. Paradójicamente, entre más información mas pobreza en la atención.  Actualmente estamos rodeados de dispositivos que nos traen información todo el tiempo; televisión, radio, computadora y ahora el móvil.  No hay momento (aun dormidos) en el que no estemos recibiendo información. Estamos en todo y a la vez estamos en nada. Nuestra atención dividida deja de existir para dar paso a “la loca de la casa” (estado en el cual, graciosa  y pedagógicamente mi amigo el Dr. Ruiz Soto hace referencia a un estado completamente distraído e incluso catártico) ó al parloteo e incluso a la queja.

Dado que la información son datos que generan un impacto en el imaginario cultural, pero sin apropiarse de ello, es decir, el que una cultura este expuesto a la información no significa, necesariamente, que haya comprendido esa información. Para comprender las cosas es necesario que exista el fenomeno de la experiencia.  En México existen cosas que culturalmente fluyen dentro de ese imaginario colectivo, por ejemplo, la pobreza, los gobernantes y servidores públicos corruptos; otros temas que impactan la salud en México (obesidad, problemas cardiacos, etc); y esa información fluye dentro de la estructura cultural del mexicano, incluso existirian miembros de la cultura mexicana que pueden memorizar datos, hechos, definiciones que atañen a las grandes problemáticas del país. Pero la comprensión de estos temas es nula. De ahí que sistemáticamente los ciclos se repitan una y otra vez sin que,  parafraseando a Octavio Paz, podamos salir del laberinto de la información.

Es momento de hacer una pausa, reflexionar desde el único punto donde puede ser posible llegar a conjeturas: el silencio, el aislamiento de distractores; la única salida es convertir la información penetrada en la cultura en una experiencia que nos lleve a un conocimiento profundo de nosotros mismos que se pueda desdoblar en una sociedad.

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