Stan Lee, o quien quiera que hayas perdido.

A long long time ago
I can still remember how
That music used to make me smile
And I knew if I had my chance
That I could make those people dance
And maybe they’d be happy for a while

La muerte de una personalidad o celebridad en estos tiempos de sobreinformación suele convertirse en un ritual muy complejo. Pasar del impacto al sarcasmo cuesta tan solo un clic, para unos es inevitable formar parte de la masa crítica y, sobre todo, del ejercicio de la opinión (comúnmente llamado Tren del Mame).

Pero hay gente que sí se consterna realmente y la noticia sí impacta directamente en ellos -a menor o mayor escala- de una forma auténtica. Inexplicablemente se han vinculado emocionalmente a una obra (canción, película, novela, cómic, personaje) que comienza a acompañar por periodos importantes de la vida, en algunas ocasiones permitiendo que sea -la vida- más tolerable, y en otras llega en el momento perfecto que complementa un amor, un nacimiento, un nuevo trabajo, vamos, un nuevo ciclo que llena de energía la vida misma.

Se convierte en algo tan nuestro, pero a la vez, compartido con muchas otras personas. Acudir a un concierto y escuchar a miles de personas corear una misma canción. Quién lo ha vivido sabe que es una experiencia muy emocionante. El compartir con miles de desconocidos algo tan íntimo. Algo que es tuyo. Algo que llegó a tu vida, pareciera, casualmente. (Ya he explicado que nada es casual, todo es coincidencia).

Eso me hace entender la tristeza que se experimenta al perder a ese creador, sin necesidad de haberlo conocido. Un completo extraño que introdujo en tu vida un elemento en tu vida que fue determinante. De menos una emoción en una butaca y por 10 minutos tus problemas se quedaron afuera de la sala del cine…. o una tira cómica, algo que por una brevedad, resonara tan fuerte en tu alma.

Ayer falleció Stan Lee. Ví muchas manifestaciones genuinas de reconocimiento, tristeza y agradecimiento. Regrese a mi infancia y desde ahí salude a este hombre que partía de este mundo.  Algunos, como yo, lo entenderán. Otros tantos pensarán que soy (o somos) ridículos. Pero a estas alturas de mi vida me he ganado el derecho de serlo.

I can’t remember if I cried
When I read about his widowed bride
Something touched me deep inside
The day the music died
So

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