Estrellas

— ¿Ves esa estrella?
— ¿Te refieres a esa roja brillante? 
—Sí. ¿Sabes? Es posible que ya no se encuentre allí.

Hoy puede haber desaparecido, quizá haya explotado o algo así. 
Su luz todavía está viajando por el espacio y no ha llegado a nuestros ojos hasta ahora. No la vemos como es, sino como fue.

Muchas personas se quedan absolutamente maravilladas cuando se ven confrontadas por primera vez con esta simple verdad. ¿Por qué? ¿Por qué ha de parecemos tan increíble?

Las ingentes distancias que median hasta las estrellas y las galaxias son responsables de que en el espacio todo lo veamos en el pasado, y que incluso percibamos algunos cuerpos celestes tal como eran antes de la formación de la Tierra.

Los telescopios son en realidad máquinas del tiempo. Mucho tiempo atrás, cuando una galaxia primitiva empezaba a verter luz a la oscuridad que la envolvía, ningún testigo podía saber que, miles de millones de años después, unos cuantos pedazos remotos de roca y metal, hielo y moléculas orgánicas acabarían por juntarse para formar un lugar llamado Tierra; o que la vida nacería y evolucionaría hasta dar seres pensantes que, un buen día, tomarían un fragmento de esa luz galáctica y tratarán de averiguar qué era lo que la había colocado en su camino.

Y cuando el planeta Tierra muera, dentro de unos cinco mil millones de años, cuando haya quedado reducida a cenizas o haya sido tal vez engullida por el Sol, surgirán otros mundos, estrellas y galaxias que nada sabrán de un lugar llamado en su día el planeta Tierra.

Un punto azul pálido – Una visión del futuro humano en el espacio.

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